Lo Último

LA UTOPIA (REFLEXIÓN)




La utopía avanza sobre mí cada vez que descubro que algo puede cambiarse si me propusiera hacerlo.

La utopía desactiva los sueños que tengo haciéndolos añicos contra el suelo en una tarde gris y llena de olvido.

La utopía nunca se disfraza, se muestra a cada rato como un profundo desencanto cada vez que lo irrealizable se hace presente haciendo añicos la esperanza.

Pero las utopía nunca podrá lograr que deje de intentar luchar por mi pasión,  por que si lo hago seguiré creyendo que algún día se acabará la tristeza y el desencanto para darle paso  a un sin fin de realidades que se convertirán en certezas para poder alcanzar la felicidad ansiada.

Y cuando eso suceda la utopía ya no significará nada...

POLILADRON (CUENTO)



La escuela estatal N° 22 Santa María de los Buenos Aires se encuentra ubicada en la calle Echeandía entre la Av. Larrazábal y Oliden del barrio de Villa Lugano en la ciudad de Buenos Aires. Allí hice la primaria y estoy profundamente agradecido a mis maestros... 

Antes que nada, deseo recordar el registro de 7°grado año 1975 que aún hoy me lo sé de memoria. Lo hago en homenaje a esos entrañables compañeros de un pasado hermoso e imborrable.

André, Bellini, Blaconá, Calello, Campanero, Casas, Castillo, Iglesias(yo)Isoldi, López, Maldonado , Martinez, Monteleone, Pidal, Quiroga, Romano, Silva, Tordo, Vega, Velázquez, Rodriguez y Di Marco.
                                                
                                               **********************

   Los recreos en el colegio eran sagrados y los juegos que se desarrollaban en esos efímeros 15 minutos también.
   Al ser una escuela solo para varones se podrán imaginar que el fútbol, las figuritas y en menor medida la mancha eran los entretenimientos favoritos de los pibes de aquella época. Pero, había uno que estaba fuera de toda discución y que les ganaba a los anteriores ampliamente en las preferencias de todos. El poliladron.
   No había día que no se lo jugara en alguno de los tres recreos y aunque el fútbol le disputaba palmo a palmo el primer lugar siempre terminaba ganando aquel juego que consistía en que los que elegían ser policías corrieran por todo el patio a los que elegían ser ladrones y se terminaba cuando los segundos eran apresados. 
   ¿Pero por qué sucedía esto de que un simple juego parecido a la mancha le ganara nada más y nada menos que al deporte nacional por excelencia?  
   Pués bien, creo yo, que en esa época, jugar a la pelota se tornaba dificultoso porque solo se lo podía hacer armando una gran bola de papel o comprando una bola de telgopor muy pequeña que nos vendía a precio usurero el kioskero de la esquina. 
   Dentro de ese contexto Fabían, José, Luis, Pedro, Néstor y Carlos eran expertos en jugar al poliladron. Cada año que pasaron juntos se divirtieron de lo lindo disfrutando de ese simple pero eficaz entretenimiento y lo más extraño de todo era que siendo amigos también del barrio y fanáticos de él solo lo practicaban dentro de la escuela. 
   Pero cuando llegó el final de la primaria y cada uno ya había decidido sobre su futuro (José y Fabíán irían la escuela industrial) (Pedro, Néstor y Carlos a la comercial) y Luis (el más pobre ayudaría a su padre albañil) decidieron hacer un pacto.
   Este consistía en concertar una reunión entre ellos cuando todos hubieran cumplido los 50 años para encontrarse en la puerta de la escuela el 31 de diciembre de 2013 a las 9:15 de la mañana, horario de su primer recreo e ir al patio de la misma para jugar una vez más al poliladron.

    El día llegó y pasó lo siguiente:

   Pedro le comentó a su esposa que iría a cumplir con el apcto realizado con sus compañeros, ésta soltó una sonora carcajada y pensó que era una broma de su marido. Éste la miró con desdén y salió de su casa. A sus cincuenta años recién cumplidos, Pedro era un fiscal federal muy respetado por sus colegas. Poli...

   Néstor observó su reloj, besó a su secretaria en los labios y salió del hotel no sin antes pedirle algo:
   -Llamala a mi esposa y decile que voy a llegar tarde-. Poco después se subió a su auto y rumbeó para la escuela. Néstor era un empresario exitoso pero muy corrupto.  Ladron...

   Carlos se sacó el chaleco anti balas, abrió su casillero y dejó su uniforme de policía guardado. Salió de la seccional y tomó un colectivo que lo dejaba a dos cuadras de la vieja escuela. Poli...

   Luis extendió su mano y recibió los $1500 pesos que le pagaron por la dosis de cocaína, se los puso en el bolsillo y le sonrió a su comprador: 
   -Te espero mañana.
   -Dale-le dijeron-, pero tratá de que sea de mejor calidad que ésta.
   -Me prometieron que así será.
   Poco después salió de la villa rumbo a la escuela para encontrarse con sus viejos compañeros. Ladron...

   José saludó al jefe de guardia del penal donde trabajaba, salió por el gran portón y fue en la busqueda de su auto, miró su reloj y supo que era tarde y que debía acelerar el paso para llegar al encuentro. Poli...

   Fabián nunca llegó al encuentro, era más importante su carrera política como diputado de la nación que esa pavada del pacto realizado 38 años atrás. No cumplió con lo que prometió. 

   ¿Ya se dieron cuenta de qué le gustaba jugar a Fabián en el Poliladron?...

   Cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia.

   Fin    

      

  

    

   
  

   

   
          
   

La larga noche solitaria (Poema 2017)








La larga noche solitaria en una ciudad que te atrapa, y hay un viento que ya entona melodías que desgarran, borrando los quejidos de las almas ya cansadas.

Y te escondes tras un trago con una mujer a tu lado, que acompaña tu silencio, sin importarle que pasa.

Y te lleva hacia su mundo del que tu no sabes nada y te inunda con caricias que son monedas gastadas.

La larga noche solitaria, solo te envuelve en la nada.
Espera al amanecer, quizás te traiga la calma,
para volver a creer, otra vez en tus mañanas.  


























NUNCA PODRÉ OLVIDARTE (POEMA)



Un trago y yo
es lo único real
en esta noche 
sin sentido.

El amor se esfumó,
 andará por algún lugar,
no sé por donde, 
pero ya se fué.

Y si ya no estás,
y tu cuerpo y alma 
forman parte del pasado

¿Qué es lo que sigo esperando?

La madrugada es el fiel reflejo
de mi desencanto, la desesperanza es la dueña de mi ser,
y me siento un pedazo de la nada misma.

Pero lo peor de todo es, 
que aunque no desee verte más,
sé que nunca podré olvidarte...


  

Cuentos sin tiempo

Te invito a que desafíes a tu tiempo leyendo "Cuentos sin Tiempo"
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Uno de los libros más vendidos en el stand de la Municipalidad de 3f en la 43 Feria del libro de Buenos Aires 2017




el gallego rebelde

MI DUENDE GERÓNIMO SE TOMÓ VACACIONES



 

   Me parecía muy extraño que no apareciera por ningún sitio. Tampoco lo hacían sus ayudantes hasta que por fin pude saber que ocurría. ¡Mi jefe de duendes se había tomado vacaciones!.
   Fui visitado por Trémulo. Secretario general del Sindicato de duendes y hadas.
   -Buenas noches-dijo en un tono serio.
   -¿Y usted quién es?-pregunté. ¿Dónde está Gerónimo?
   -En reunión extraordinaria de nuestro sindicato realizada en el día de ayer hemos resuelto que todos los duendes y hadas que trabajan para que ustedes escriban sus historias son merecedores de una licencia anual de 96 horas de descanso.
   -¿Descanso?.Un duende no necesita descansar-dije algo ofuscado.
   -Además-expresó Trémulo sin prestar atención a mi queja-. A partir del regreso de su jefe de duendes usted deberá incrementar en un treinta por ciento la provisión de galletas más un vaso de leche tibia como adicional para nuestros afiliados. 
   -Esto es una extorsión.
   -Si no acata nuestro pedido haremos una huelga 
- ¿Huelga?
- Así es. por lo pronto le daremos 48 horas para decidir si acepta o no nuestras exigencias. Aquí le dejo una copia firmada por todos los afiliados a nuestro sindicato. Dicho esto Trémulo me miró de mala manera y desapareció.

   Al quedarme solo me di cuenta que ya no tenía ideas para contar mis historias. Fue por eso que ustedes no pudieron leer nada en estos días aunque no me entregaré tan fácil a los pedidos del sindicato y reclamaré una conciliación obligatoria cuando Gerónimo vuelva de sus vacaciones.

   Por lo tanto queridos lectores, les pido perdón por los inconvenientes ocasionados...
  
   Ayer por la noche y mientras mi mente trabajaba a destajo buscando una historia para mi nuevo relato apareció Gerónimo acompañado por Trémulo, el Secretario General del Sindicato de Duendes y Hadas.
   A mi jefe de duendes traté de no mirarlo y ni siquiera le dirigí la palabra, estaba muy enojado con él y el ambiente se cortaba con una tijera.
   Trémulo se acercó a mi y me tocó el hombro para que le prestara atención.
   -¿Podemos hablar?-me preguntó él en un tono un poco más cordial que la vez anterior.
   -Hable-contesté secamente.
   -¿Analizó nuestra propuesta?
   -No voy a dejar que ningún sindicato me presione
   -Entonces debo entender que su respuesta es negativa
   -Quizás hubiese cedido a sus peticiones si el hombrecito que está a su lado no me hubiese traicionado-le expresé a Trémulo.
   -¿Cómo es eso? 
   -Lo que escucha
   -Explíquese
   -Ese señor-dije mientras señalaba con mi dedo índice a mi jefe de duendes-. Anduvo negociando un contrato mucho más beneficioso para él a mis espaldas
   Trémulo miró a Gerónimo incrédulo por lo que estaba escuchando y le habló.
   -¿Es verdad lo que dice este hombre? 
   Gerónimo agachó la cabeza y se quedó en silencio. Evidentemente estaba arrepentido. Trémulo entonces se dio cuenta de que todo era cierto y trató de llegar a un acuerdo conmigo.
   -En verdad no lo sabía
   -Pues ahora lo sabe, dígale a este señorito que puede irse con el señor Pablo Bauchiero Chávez cuando guste, ya no lo necesito. He nombrado otro jefe de duendes.
   Por primera vez en la reunión Gerónimo dejó su postura silenciosa y me habló.
   -¡Pero jefe no me puede hacer eso! -exclamó.
   -Ya lo hice, te he reemplazado por Zacarías
   -¿Zacarías? ¡El no pertenece a nuestro grupo!
   -Mejor así. Zacarías es brillante y ha trabajado con varios escritores famosos como Federico Rivolta, Carmen Silza, Estela Caruso, Julia C. María del Socorro Duarte. Erika Martín, Ricardo Zamorano Valverde, Mar V, Víctor Fernández García, Francisco Izquierdo Herrero, Raquel Laudani, Beatriz Arguelles, Ricardo Tejerina, Maria Rodriguez Casaux, Ady Alonit, Laura Mir  entre otros tantos amigos que tengo ¿Sigo o le es suficiente? (los que faltan no se me pongan celosos si no no termino más jajá)
   -Es un mercenario
   -Sin embargo ellos me han dado excelentes referencias sobre él
   -¿Entonces se acabó? ¿Ya no me quiere más?
   -Vete con Pablo. Ah y trátalo bien. El también es amigo mío por si no lo sabías
   Mi ex jefe de duendes miró a Trémulo quién se encogió de hombros y desapareció. El secretario del sindicato sin saber que hacer me dio la mano y solo expresó algo que me sorprendió por completo.
   -Le advierto que Zacarías también pertenece a nuestro sindicato
   -¡Zacarías ven para aquí!-grité.

   Estábamos trabajando con mi jefe de duendes Zacarías en un nuevo relato cuando de pronto aparecíó Trémulo, el Secretario General del Sindicato de Duendes y Hadas (SDDH) nuevamente.
   -¿Otra vez usted por aquí?-pregunté-. Ya hemos arreglado los términos del contrato de Zacarías asi que...
   -Gerónimo ha desaparecido
   -¿Desaparecido?
   -Así es, dejó a Pablo sin decirle nada hace dos días y no lo hemos vuelto a ver
   -¿Le preguntaron a Celio, su asistente? 
   -Interrogamos a todos y nadie sabe nada.
   -¿Y qué puedo hacer yo al respecto?
   -El se fue triste de aquí y según me comentó se encontraba muy arrepentido por haberlo defraudado.
   -Lo hubiese pensado antes-dije con cierto desdén.
   -Usted es el único que puede hacerlo regresar.
   -¿Yo?-dije-. ¿Y por qué me interesaría que regrese?. Tengo a un excelente duende como Zacarías y en verdad...
   -¿Lo dejará solo?
   -¿Y qué pretende que haga?
   -Debe ir a buscarlo y hablar con él.
   -Si no sabe donde está.
   -Tengo mis serias sospechas de que se encuentra en el bosque encantado.
   -¿Y dónde queda ese lugar?
   -En su propia imaginación.
   -Explíquese
   -Esta noche y antes de dormirse deberá tomar este liquido.
   Trémulo me alcanzó un pequeño frasco.
   -¿Y esto qué es?
   -¿Un hechizo realizado por el Hada del encantamiento. Es muy importante que lo beba antes que den las doce de la noche. ¿Lo hará? 
   Ante mi duda Trémulo presionó para convencerme.
   -Por favor Jorge, usted es el único que puede hacerlo regresar.
   -¿Y que efecto hará en mí este liquido?
   -Se dormirá inmediatamente y en su sueño se introducirá en el bosque encantado. Una vez allí deberá buscar a Gerónimo en el árbol brillante
   -¿Y cómo haré para hallarlo?
   No hizo falta que Trémulo conteste. Me quedé unos segundos en silencio y luego retomé el diálogo.
   -Está bien-dije-. Iré por él.
   -Gracias-contestó Trémulo sonriendo.
   
   Llegó la noche y esperé pacientemente la llegada del Hada del encantamiento que iba a proporcionarme la pócima mágica que me haría soñar e ingresar en el bosque encantado donde se encontraba mi duende Gerónimo. Poco después de dar las doce, ella hizo su aparición.
   -¿Estás preparado?-preguntó.
   -Lo estoy-respondí.
   Poco después de tomar esa pócima que tenía un gusto dulzón caí desvanecido y comencé a sentir como que viajaba a la velocidad de la luz por la rapidez y de pronto desperté. Era un lugar donde los colores verde y amarillo lo dominaba todo. Árboles muy altos, flores, rocas, montañas, todo eran de los mismos colores. A lo lejos divisé una serie de casitas muy pequeñas y me dirigí hacia allí pensando que ése era el lugar indicado para buscar a Gerónimo.
   Al ir acercándome noté que alguien me seguía de cerca y me detuve para observar quién era pero no vi a nadie, entonces continué caminando pero un nuevo ruido a mis espaldas me hizo girar nuevamente. 
   Observé ahora que alguien se escondía detrás de uno de los grandes árboles y le grité para que saliera de allí
   -¡Hey! ¡Usted! salga, ya lo he visto
   El pequeño duende al verse descubierto se presentó ante mi.
   -¡Gerónimo!-exclamé.
   -Hola jefe-respondió él con su cabeza gacha.
   -He venido a buscarte.
   -¿Para qué? Ya no me necesita. Tiene ahora de colaborador a Zacarías
   -Tú te lo has ganado. ¿No crees?
   Gerónimo no contestó.
   -¿Qué haces aquí? -le pregunté.
   -Ya nadie quiere trabajar conmigo.
   -Por algo será-dije aun enfadado con él.
   -Entonces, déjeme tranquilo, este es mi lugar en el mundo.
   -Tu lugar está en mi casa y lo sabes. Asi que recoge tus cosas y vamos.
   -No iré.
   -Gerónimo no me hagas enojar más de lo que estoy ahora.
   Mi ex jefe de duendes salió corriendo y lo seguí como pude hasta que en un momento lo perdí de vista. Retomé un poco el aire que perdí en mi carrera y comencé a gritar.

   -¡Gerónimo vuelve aquí!
   Pero nada, mi duende no aparecía, hasta que detrás de uno de los inmensos árboles divisé su bonete verde tan característico.
   -¡Sal de ahí!-le ordené- Ya se dónde estás.
   Gerónimo salió de su escondite y se acercó con su cabeza gacha hacia mí.
   -¿Pero qué diablos te pasa?-le pregunté ya muy enojado.
   -Pasa que usted ya no me quiere como colaborador y...
   -Eso lo arreglaremos en casa.
   -¿Y Zacarías?
   -¿Qué pasa con él?
   -¿Lo despedirá?
   -Tendrán que trabajar juntos.
   -Entonces me quedo aquí.
   -Gerónimo.
   -Adiós jefe-concluyó él con tristeza. Espero que pronto se le vaya la ira que tiene conmigo.
   -Bueno, es tu decisión y no puedo obligarte. Que tengas mucha suerte.

   Desperté en mi cama. me levanté y noté que ya era de noche. Volví a mi escritorio. Allí me esperaban el resto de los duendes.
   -No hubo caso-les dije con bronca.Él no volverá.
   -Es que usted no hizo lo que debía-respondió Trémulo.
   -¿Ah no?, fui al bosque encantado, me reuní con él, le hablé y bajé mi ego para que volviera. ¿Le parece a usted poco?
   -Al menos no es suficiente y además hay algo que no comprende.
   -¿Algo que no comprendo?. Explíquese.

   Trémulo me miró fijo a los ojos, su cara de duende ahora era una máscara irreconocible. Evidentemente algo grave estaba sucediendo y no quería o no podía decírmelo.
   -Trémulo-le dije-Hay algo que no está diciéndome.
   -No puedo señor.
   -¿Cual es la razón?
   -Deberá descubrirlo usted mismo, si no lo hace se acabará todo para nosotros y también para ustedes los escritores.
   -¿Pero qué es tan grave que no me lo puede decir?
   Trémulo se quedó en silencio y sus compañeros del sindicato también, solo me observaban con cara de tristeza.
   -Si no me ayudan o me dan una pista estamos perdidos-dije-.¿Entienden ustedes eso?
   -Lo entendemos
   -¿Entonces?
   Trémulo sacó de su enorme zapato verde un escrito, me lo extendió y lo leí:

   "Hay solo una cosa que a los duendes puede llegar a destruirnos-decía la carta-.Es algo milenario que ha causado muchas victimas entre nosotros. Su efecto es tan letal que podría hasta destruir a muchos de los propios escritores. Cada uno de ellos que lo ha experimentado nunca más pudieron escribir ni una línea. Pero nosotros no podemos confesarle el secreto por que si lo hacemos destruiríamos el encanto y por ende nunca más existirían las historias y los cuentos. Quién comete el error deberá descubrir cual es y así corregirlo"

   -¿Error?-pregunté-. ¿Qué error pude haber cometido?
   -Deberá descubrirlo usted mismo. 
   Dicho esto, Trémulo y sus ayudantes del sindicato desaparecieron. Me quedé pensando en ese error. Pero no pude llegar a ninguna conclusión. Fui a la cocina y me preparé un café, Claudia, mi mujer, dormía plácidamente y yo me senté a degustarlo. Pensé mucho en Gerónimo, en todo lo que había sucedido entre nosotros pero tampoco y salvo la pelea que tuvimos tuve demasiadas pistas que pudieran ayudarme a solucionar el problema entre los duendes y los escritores.
De pronto sonó mi celular, era un número raro y desconocido pero igualmente lo atendí.
   -¿Quién habla?
   Un silencio se escuchó en la línea y cuando me disponía a cortar alguien me habló:
   -Hola jefe-se escuchó una voz casi imperceptible.
   -¿Gerónimo sos vos?
   -Sí
   -Y qué querés-dije todavía enojado con él aunque menos.
   -¿Pudo dscubrir el secreto?
   -Aún no
   -¿Lo hará?
   -¡No lo sé!-le grité.
   Y él cortó la comunicación. Dos horas habían pasado y yo seguía sentado en la cocina sin saber que hacer. Nuevamente sonó mi teléfono.
   -¿Sos vos?-pregunté sin siquiera saludar.
   -Si jefe
   -¿Y que querés ahora?
   -¿Descubrió el secreto?
   -¿Gerónimo me estás cargando?
   -No, solo quiero que lo descubra.
   -Entonces dejame tranquilo y no vuelvas a llamarme.
   Pasaron unas horas más y cuando ya estaba entregándome al cansancio y al sueño lo descubrí. El secreto era que un escritor y sus duende no podían estar enojados entre sí ni sentir ira el uno por el otro.
   -Por eso me presionaba Gerónimo-me dije. Para que me diera cuenta que cuanto más enojado estaba la ira iba en aumento. Debo ir a buscarlo.
   Pasaron tres días y los duendes no aparecieron, temí que todo se hubiese terminado pero no podía ser así por que yo estaba escribiendo esta historia por lo tanto todavía no había perdido la magia que me permitía hacerlo.
   ¿Entonces? ¿Por qué no se presentaban?   

   Cuando empezaba a creer que ya todo estaba perdido se me dio por mirar una vieja foto en la que posabamos con Gerónimo. Obviamente que solo yo podía vernos a los dos juntos por que los duendes eran invisibles para casi todos los mortales y solo unos pocos éramos privilegiados en poder contactarnos con ellos cara a cara.
   De pronto, ya no sentí enojo ni ira por mi duende y unas lágrimas corrieron por mis mejillas, instantes después él se hizo presente. Lo miré sin decir palabra alguna. Gerónimo entonces me habló.
   -Hola jefe-dijo-.Ha logrado limpiar con sus lágrimas el error cometido, por eso he regresado y ya podemos continuar con esta historia. Su cariño por mí le ha ganado a su ira.

   Mi ex jefe de Duendes, Zacarías, hoy trabaja con un amigo, el escritor Pablo Bauchiero Chávez y está muy feliz...
   
Fin 

YO, EL ESCRITOR(REFLEXIÓN)

 



   Siempre intento llamar la atención del lector relatando historias, algunas de tinte fantástico, otras de vivencias personales o también de situaciones que percibo a diario y que le suceden a otros.  

   Trato de observar detenidamente a la gente e indagarlos para imaginar una historia y así poder transmitirla a mis lectores esperando que al menos estas lleguen ya sea para conmover, asombrarse o simplemente reflexionar sobre ellas.
 
   No utilizo ninguna técnica en particular y solo busco en mi mente o en lo que me rodea para intentar plasmarlo en un papel intentando así crear historias que sean atrayentes para el lector.

   En definitiva, y como me gusta llamarme, soy un simple contador de historias, algunas que podrían ser reales y otras que son pura fantasía.

   Hay momentos también que busco reflexionar sobre alguna historia o describir lo que veo.

   En síntesis me gusta escribir, me gusta la forma en que lo hago y como lo hago.

   Y les recomiendo que si tienen alguna pasión pongan manos a la obra para realizarla, no saben lo bien que se siente uno al hacerlo y el alimento que esto representa para el alma...




 




REALIDADES (CUENTO)

 
         
                                                             

   El jefe de redacción del diario donde trabajo hace diez años me envió a entrevistar  a un hombre que habìa sido duramente golpeado por una patota en un barrio marginal donde residía..
   -Una nota más que se suma a la violencia que a diario se vive en el país-me dije.
   Al llegar al hospital público donde estaba este señor internado tuve la sensación de que me estaba introduciendo en una verdadera tienda de la Cruz Roja actuando en alguna guerra de las que a menudo hay en el mundo. Vi gente tirada en el piso esperando a que se les atendiera, me encontré con heridos de bala, acuchillados, mujeres golpeadas, entre tantos otros casos que marcaban a fuego una realidad que pocos ven y muchos padecen a diario.
   Intenté preguntarle a una enfermera por el paradero de Juan Pezoa y solo recibí por parte de ella un empujón debido a que se dirigìa rápidamente a recibir a un nuevo paciente que ingresaba al nosocomio.
   Finalmente pude ubicarlo, el tipo se encontraba internado en el tercer piso y hacia allí me dirigí.
   Al tratar de ingresar a la habitación, alguien se interpuso en mi camino y me increpó. Era una joven de unos veinte años, muy bonita por cierto, pero con un carácter demasiado fuerte para mi gusto.
   -¿Quién es usted?-me preguntó con cara de pocos amigos.
   -Mi nombre es Daniel Torres y soy del diario Uno-respondì.
   -¿Y què busca?
   -Perdón señorita-dije-.¿Usted es familiar de Pezoa?
   -Eso a usted no le importa, váyase por donde vino-replicó.
   -Debo hacer mi trabajo y...
   -¡Váyase!-gritó ella mientras me daba un empujòn.
   De pronto se escuchó la voz de Pezoa hablándole a la joven.
   -Dejalo entrar hija-le dijo.
   -Pero Papá debés descansar y...
   -Hacé lo que te pido.
   Ella se hizo a un lado y me mirò furiosa saliendo poco después de la habitaciòn mientras proferìa insultos al aire.
   Me acerqué a la cama y me senté en una silla que se encontraba junto a la puerta. Mientras me acomodaba le eché un rápido vistazo a la habitación, ésta se encontraba en un estado deplorable. Sus paredes estaban llenas de humedad, el techo descascarado a punto de caerse y el baño era algo impresentable.
   -Señor Pezoa-comencé a preguntarle-¿Quienes le hicieron esto?
   -Un puntero de mi barrio-respondió él con una voz que apenas pude escuchar.
   -¿Y sabe la razón?
   Pezoa que hasta ese momento no me habìa mirado, giró su cabeza y con visible tristeza respondió.
   -La razón es que yo no me corrompo.
   -Explíquese.
   -Soy un simple habitante de la villa, vivo en ese barrio hace más de veinte años y veo morir chicos todos los días por causa de esa puta droga que les dan.
   -O sea que se les plantó y pagó las consecuencias.
   -Mire señor, solo le diré que lucho todos los días para que mis vecinos tengan un mejor porvenir pero lamentablemente existe gente que no acepta esto, se sienten muy cómodos allí dominándolo todo y no permiten ni permitirán que gente como yo quiera un cambio.
   -Lo entiendo
   -No, no entiende, solo los que vivimos en ese infierno lo entendemos.
   -Por favor déjeme ayudarlo.
   -¿En que podría usted ayudar señor periodista? Al contrario, solo nos perjudicaría más si su nota sale publicada.
   -Permítame disentir con usted, yo creo que haciendo esta denuncia pública quizás las autoridades actuen y....
   Él soltó una carcajada para luego toser y tomarse el estómago con visibles muestras de dolor.        
   Intenté acercarme pero de pronto reapareció su hija y me apartó bruscamente.
   -¡Váyase!-gritó.
   No quise contradecirla y me retiré del lugar. Regresé al diario y recibì luego de comentarle a mi jefe lo sucedido una reprimenda por no haber logrado llevarle la nota. Aunque eso no me importó demasiado. Solo deseaba ayudar a esa gente y me dispuse a investigar más sobre el tema.
  Al día siguiente me apersomé hasta el barrio donde se había producido el incidente pero al tratar de ingresar un grupo de cuatro personas me detuvo. Uno de ellos que parecía ser el líder me encaró.
   -¿Dónde cree que va?-preguntó mientras se levantaba su remera mostrándome un arma.
   -Soy periodista del diario Uno y vengo a cubrir una nota-respondí sosteniéndole la mirada.
   Un viejo amigo, conocedor de esos barrios, me había aconsejado una vez que nunca baje la vista si alguien intentaba amedrentarme en esos lugares.
   -Aquí no vas a entrar-dijo el tipo en un tono aún más amenazante.
   -¿Ustedes fueron los que agredieron a Pezoa verdad?-pregunté directamente.
   -Eso a vos no te importa, andate de acá o sos boleta
   No tenía opción, debía retirarme o esos delincuentes cumplirían con su amenaza. Decidí entonces alejarme y me fui hasta el hospital para preguntar como seguía la salud de Pezoa, sabía que allí tampoco sería bien recibido. Al hombre por suerte le habían  dado el alta y eso me tranquilizó.        
   Siempre fui de involucrarme en este tipo de casos y me indignaba mucho que esto estuviese sucediendo casi a diario.
   Me propuse entonces intentar ayudarlo. ¿Pero como hacerlo? . Solo contaba con mis publicaciones en los policiales del diario y por más que a los lectores les causara un cierto impacto, no serviría para mi propósito. Pero una tarde alguien vino a visitarme a la redacción. Era la Hija de Pezoa.
   La rigidez de su rostro de nuestro anterior encuentro se convirtió ahora en una expresión llena de dolor.
   -¿En qué puedo ayudarla señorita?-le pregunté expectante.
   -Esos mal nacidos volvieron a agredir a mi padre.
   -Lo siento mucho-respondí.
   -Ya no sé que hacer señor, he ido a la policía pero ellos no hacen nada.
   -La entiendo.
   - No, usted no entiende.
   -Le vuelvo a preguntar señorita, ¿Qué puedo hacer por usted?
   -Sé que usted fue policía antes de dedicarse a esto y pensé que podría...
   -Lo fui-interrumpí-.Pero hace muchos años.
   -Sé también que le dieron de baja por matar a tres delincuentes y que lo acusaron de gatillo fácil
   -Está usted en lo cierto pero me condenaron injustamente por el hecho
   -¿Entonces no va a ayudarme?
    Me quedé observando a la joven por un momento en silencio, sabía que si me involucraba tendría que hacerlo como ex policía y eso no me gustaba para nada aunque sentía también que necesitaba limpiar mi nombre.
   Contacté a un viejo amigo de la fuerza, Ramiro Ibañez al que habían ascendido al cargo de sub comisario inspector un año después de mi baja. Al verme pareció sorprendido pero se levantó de su despacho y me dió un abrazo.
   -¡Daniel!-exlamó- ¡Cuánto tiempo sin verte!
   -Hola Subco-bromeé.
   -Estás más gordo o me parece a mí.
   -Lo estoy.
   -¿Y en qué puedo ayudarlo señor periodista?-dijo él devolviéndome la broma.
   -Hay unos chicos malos que están molestando a gente buena.
   -Mi especialidad.
   -Por eso recurro a vos.
   -Qué sabés de ellos.
   Le relaté lo ocurrido con Pezoa, él me observaba en silencio y nunca me interrumpió hasta que terminé. Levantó el entrecejo y solo dijo dos palabras
   -Está hecho.
   Yo sabía perfectamente a qué se refería.
 
   La noche era cerrada. Todo era oscuridad en la villa de Los Aromos. De pronto, tres hombres irrumpieron en una casilla y realizaron cuatro certeros disparos, poco después se perdieron sin que nadie actuara para detenerlos. Al fin de cuentas un tiroteo entre bandas ocurría allí todos los días y nadie se sorprendía.
    Ibañez me llamó cuando llegó a un bar donde se reunían algunos policías adeptos a la causa.
    -Todo resultó según lo planeado-comentó-. Mañana enviaré a buscar a los mal nacidos.
    -Gracias Ibañez, te debo una.
   Ingresé a la villa un par de días después del incidente siendo recibido por un sonriente Pezoa y su hija.
    -Gracias dijo la joven. Es usted muy amable por habernos sacado de encima a esos perros.
   Su tono no me gustó demasiado, y corroboré algo tremendo que se estaba pergeñando.
   -Ahora-dijo Pezoa-.Podremos ocuparnos del negocio sin que nadie nos moleste.
   -¿Pero que está diciendo?-pregunté asombrado.
   -Esos no nos permitían vender el paco y se inmiscuían todo el tiempo para sacarnos del medio.
   -¿Usted me está diciendo que esto fue un engaño?
   -Tomelo como una deuda que tenía con mi familia y conmigo. Hoy la ha pagado de algún modo
   -No lo entiendo.
   -¿Recuerda una noche en que usted y varios policías ingresaron a la villa salvaje hace cinco años?
   -Si, lo recuerdo perfectamente, por que ese fue el final de mi carrera como policía.
   -En el hecho fue baleado un menor que luego murió en el hospital.
   -Darío Kazenabe
   -Ese es mi verdadero apellido y al que usted mató fue a mi hijo mayor.
   -Pero nunca lo vi en el juicio.
   Y ahí recordé que el tal Pezoa Cazenabe cumplía una condena por robo a mano armada y que su hija era solo una niña. Por eso nadie de la familia lo presenció.
   -Estamos a mano-dijo él-.Ahora váyase y digale a ese subco amigo suyo que ni se atreva a meterse conmigo y mi hija por que lo denuncio a él y a usted por el asesinato de esos jovenes.
   -No tiene pruebas.
    El tipo sacó un celular y me hizo escuchar mi conversación con Ibañez de la noche anterior.
   -Como verá, yo también tengo mis contactos. Y si intentan usted y su amigo algo, esta grabación será presentada ante un fiscal federal. Ahora váyase, mi hija y yo tenemos que seguir trabajando.
   -¿Me puede responder una pregunta?
   -Hágala y después váyase.
   -¿Esto fue una venganza o solo para seguir con su vil comercio?
   -Digamos que las dos cosas.
   -Entiendo que es un hijo de putas
   -Lo soy, como usted.
   -No, yo no enveneno gente para sacarle guita.
   -Puede ser que no, pero es un asesino y ...
   Lo tomé del cuello y comencé a apretujárselo, su hija intentó intervenir pero no pudo separar mis manos de él , justo cuando el tipo ya estaba por irse al otro mundo arribaron al lugar dos patrulleros y de uno de ellos bajó Ibañez, mi amigo Ibañez. Me miró y sonrió en un tono socarrón como disfrutando del momento.
   -Hola Pezoa-saludó al hijo de putas.
   El tipo se tomaba el cuello con una de sus manos y con la otra me señalaba a mí.
   -Este me quiso asesinar. Ahora Ibañez se dirigió hacia mí y me habló:
   -Tiene derecho a permanecer callado...
   -Pero que mierda te pasa Ibañez-dije exaltado.
   -Tiene derecho a un abogado...
   -¡Ibañez la puta que te parió!
   -Si no cuenta con recursos la justicia puede...
   -¡Ibañez!
   Mi amigo hizo que me subieran al móvil y me llevaron a la seccional. Me armó una causa que derivó en un juicio rápido. El juez en primera instancia me condenó a cinco años de prisión por intento de homicidio. La cámara confirmó el fallo. Hoy estoy alojado en una celda de una prisión del estado.

Ibañez y Pezoa siguen siendo socios...


 





 
 

 
 

EL LIMPIADOR (CUENTO)

 



   La primera vez que lo ví salía de una casa, vestía perramus azul, una gorra gris y gafas, llevaba con él un maletín antiguo. De pronto se percató de que lo observaba y me clavó una mirada gélida y penetrante que logró intimidarme un poco por lo que continué mi camino fingiendo que no le prestaba ninguna atención.
   Sin embargo y como un buen periodista que nunca deja a su presa retomé mi seguimiento del sujeto que apodaban "El limpiador" y que supuestamente era un personaje siniestro y famoso del que se sospechaba que hacía trabajos espurios haciendo perderse todo rastro de los crimenes de ciertos personajes que habían sido asesinados en ajustes de cuentas por la mafia o el narcotráfico.
   Recuerdo las palabras que me dijo el jefe de redacción del diario donde yo trabajaba:
   -Ten cuidado Daniel, ese tipo podría descubrirte y ...
   -Tranquilo jefe, nunca nadie lo ha hecho.
   Pero "El limpiador" ya se había dado cuenta de mi presencia, y que de seguro era un periodista que intentaba seguirlo para obtener la nota del año.
   El tipo dejó de mirarme, abrió el baúl de su viejo auto, un Fiat 125 color celeste(aunque ya en su chapa, de ese color quedaba poco) y guardó su maletín, luego se subió y intentó poner en marcha ese cascajo, cosa que le costó bastante hasta que un humo negro salió por el escape y le arrancó.
   Días después de este encuentro que tuve con él recibí un llamado en mi teléfono, del otro lado de la límea una voz distorcionada profería toda clase de insultos y amenazas de tortura y muerte hacia mi persona y también para mi familia, yo sabía que era él-¿Quién otro si no?- "El limpiador" sabía que estaba inquieto y quise aprovecharme de eso para presionarlo.
   Una tarde me pasaron un dato de donde podía hallarlo. Me acerqué al lugar no sin antes tomar todo tipo de recaudos para no ser descubierto. Era un barrio de clase media baja y en esa cuadra no había edificios. La mayoría de las casas del lugar eran bastante antiguas y salvo por algunas que se  reciclaron las otras mostraban un panorama tétrico.
   Me dirigí al número 3802 que me indicó mi informante y toqué el timbre, ya estaba decidido a plantarmele a  "El limpiador" cara a cara y si era necesario desenmascararlo.
  El tipo no pareció sorprenderse con mi presencia, al contrario, parecía como si me estuviese esperando.
  -¿Qué quiere?-preguntó de mala gana.
  -Hacerle algunas preguntas.
  -Sobre qué-dijo ahora "El limpiador" en un tono desafiante.
  -Usted ya lo sabe.
  -Si es por lo que hablan de mí son todas falacias, soy un hombre honesto.
  -Demuéstremelo, soy periodista y...
  El tipo me franqueó el paso antes de que yo termine la frase.
  Al ingresar me pidió que lo acompañara por uns galeria techada que daba a una puerta antigua que él abrió y me invitó con un ademán a que la traspase.
  Una sala de medianas dimensiones se presentaba ante mí con muebles de los años sesenta y una Tv a color ochentosa que se encontraba encendida.
   "El limpiador" tomó de una mesa una botella de vino barato y bebió del pico ávidamente, luego me la ofreció.
   -No gracias-dije con cara de asco.
   El tipo soltó una carcajada y dijo algo inentendible para mis oidos.
   -¿Perdón?-dije-No lo escuché.
   -No dije nada.
   -¿Puedo hacerle unas preguntas?
   -Para eso vino hasta acá ¿O no?-respondió él irónicamente.
   -Pués si.
   -Pregunte entonces.
   -¿Usted limpia escenas del crimen?
   -Epa señor periodista, su pregunta es muy directa.
   -¿Lo hace o no?
   -¿Lleva algún grabador escondido?
   -Sí
   -Démelo entonces si quiere saber.
   No tuve opción y se lo entregué.
   -¿Ahora me lo va a decir o no?-pregunté en un tono más desafiante.
   -Digamos que realizo trabajos que otros no harían.
   -No me está contestando la pregunta.
   -¿Tiene celular?
   -Sí
   -Démelo, puede estar grabando.
   -No lo estoy haciendo.
   -Entonces no tendrá problemas en entregármelo.
   También le di mi teléfono.
   -Ahora bien, ¿responderá o no?
   -Como le dije mi tarea no es para cualquiera y hay que tener mucho estómago para realizarla.
   -Hizo trabajos con mafiosos y narcos.
   -Así es
   -¿Con otros también?
   "El limpiador" volvió a mirarme como en nuestro anterior encuentro de una forma que me dejó paralizado.
   -¿Tiene usted miedo?-me preguntó sonriendo.
   -No me respondió-le dije para salir del paso rápidamente de mi incomodidad.
   -Hubo otros que no eran de los gremios que me nombra.
   -¿Gente muy conocida de la política por ejemplo?
   - Por supuesto.
   -¿De la justicia también?
   -¿Usted quiere saber del famoso juez del que nunca más se supo nada?
   -¿Fue usted?
   -Yo lo limpié.
   -¿Por pedido de quién?
   -Está yendo demasiado lejos señor periodista-dijo el limpiador-Y eso es peligroso para su seguridad.
   -¿Me está amenazando?

Mi cuerpo nunca fue encontrado, "El limpiador" hizo un trabajo impecable...

FIN
     

   

EL ÚLTIMO EDITOR (CUENTO)

   


   Corria el año 2050 y una guerra literaria había terminado con el triunfo aplastante de un grupo llamado "Los Digitales"

   Estos terminaron por imponerse a los que todavía soñaban con un mundo con el libro de papel como estandarte. Pero la modernidad fue más fuerte y "Los Libreros" (así se hacían llamar los del otro grupo) terminaron por aceptar lo inevitable. 
   
   El último editor bebió de un sorbo el vino de su copa, apagó su computadora personal a la que odiaba y llamó a su secretaría que de inmediato acudió a verlo por que sabía que a su jefe no le agradaba esperar.

   -¿Necesita algo señor?
   -Si Verónica, llamá a Lautaro Ugarte.
   -¿El líder de Los Digitales?-preguntó ella con cara de asombro.
   -El mismo
   -Pero señor
   -Hacé lo que te pido, y ya
   
   La secretaria sabía que su jefe no repetía sus pedidos y regresó a su escritorio para realizar la llamada. Poco después le pasó la comunicación.
   
   -Hola Gabriel. ¿Cómo has estado?
   -Dejate de ironías Lautaro ya sabés para que te llamo
   -¿Aceptarás mi oferta de comprar tu empresa y contratarte como gerente?
   -Lo haré
   -Muy bien, les diré a mis abogados que redacten todo para la transacción y tu contrato. Bienvenido a Los Digitales-dijo con ironía Lautaro.
   -Andate al carajo
   
  El acta de defunción del libro en papel acababa de ser firmada.

   El último editor observó que la botella de vino estaba vacía, se acomodó su corbata, se levantó de su sillón y poco después salió de la oficina. Su secretaria lo saludó pero él no respondió. Ya era de noche y se enfrentó a la ciudad que lucía mas tecnológica que nunca, con robots dirigiendo el tránsito, bares atestados de gente utilizando sus tabletas y celulares, y unos pocos noctámbulos que deambulaban de un lado al otro harapientos y con señales de no haberse dado una ducha en varios días.

   -Aún quedan algunos de los míos-dijo para sí y en voz alta el ultimo editor con un dejo de tristeza.

   Los autos ya no poseían ruedas, ahora se movilizaban a 50 cm del suelo y cuando su dueño necesitaba estacionar, se bajaba y activaba un sensor que lo hacía por él. 

   El último editor no tenía automóvil, se resistía a las nuevas tecnologías y seguía movilizándose en su vieja bicicleta. Al verlo pasar, la gente lo observaba como si fuese un marciano recién llegado a la Tierra. Aunque ya se había habitado el planeta rojo en el año 2030.

   El último editor ingresó en su edificio y lo recibió el robot portero que lo saludó.
   -Buenas noches señor Duarte-dijo con una voz metálica.
   -Hola K28
   -Como ha sido su día hoy
   -Malo, muy malo
   -Lamento oir eso
   -Yo también
   -¿Le llamo su ascensor?
   -No, gracias, lo haré yo mismo
   -Qué descanse
   -Gracias

   Si bien lo tecnológico había dominado al mundo y el último editor se opuso fervientemente a muchos de los adelantos alcanzados, en otros casos logró adaptarse ya que no le quedaba otra. Sin embargo su amor por los libros en papel y su guerra contra Los Digitales y los ebooks había sido feroz pero desigual y esa noche tuvo que entregarse a lo inevitable aunque le doliera el alma.

   De a poco estos editores lo habían dominado todo y hasta se dieron el lujo de elegir lo que ellos deseaban que la gente leyera. Suprimieron los clásicos como Shakespeare, Cervantes, García Márquez, Sabato, Borges y tantos enormes autores para darles paso a los libros digitales que hablaban solo de tecnología.

   En realidad ya casi nadie leía novelas o libros de cuentos pero algunos se filtraban gracias a que sus autores, editores y los pocos lectores que quedaban los escondían para intentar reunirse de vez en cuando a leer en papel, cosa que por una ley impulsada por un diputado adepto a "Los Digitales" estaba terminantemente prohibido hacerlo en espacios públicos y solo se permitía editar algun libro nuevo pero que hablara solo de tecnología.

   El último editor logró como un último acto de resistencia imprimir una obra que si bien en su fachada hablaba de tecnología tenía datos en clave y secretos que revelaban una historia de rebeldía hacia los ebooks, pero solo algunos entendidos podían descifrarlo.

   Fué por ello que luego de esto decidió entregarse para siempre y vender su alma al mundo que tanto odiaba.

   Al día siguiente tres trajeados irrumpieron en su editorial, eran los abogados de "Los Digitales" para sellar el acuerdo, que era ni más ni menos que la desaparición del libro en papel tal como se lo conocía ya que esa editorial era la única que aún no había caido en desgracia.

   El último editor observó los papeles, se los entregó a su viejo abogado y éste luego de observarlo detenidamente los rompió en varios pedazos ante el asombro de todos los presentes.

   -¿Pero qué hace?-preguntó uno de los trajeados.
   -Este acuerdo es inaceptable.
   -¿Por qué?
   -Es un acuerdo en papel y esto debe hacerse en formato digital, con firma escaneada y ante escribano público.
   -Nosotros lo escanearemos, firme por favor-intervino otro de los trajeados.
   -Me temo que no lo haremos esto es ilegal. Deberán redactar digitalmente un nuevo acuerdo
   
   Los trajeados se miraron entre ellos y se dieron cuenta que el viejo abogado tenía razón. Salieron del despacho del último editor y éste lo increpó.

   -Pero Santiago. ¿Qué hiciste? 
   -Evitar que cometas una locura.
   -Sabés que estoy perdido y ...
   -Entonces ya no eres más el que conocí, buscate otro abogado, renuncio.
   -Dejate de idioteces Santiago, ya no tengo más fuerzas para pelear contra la corriente.
   -Yo te las devolveré 
   -¿Y cómo diablos lo harás?

   El ómnibus venía repleto de pasajeros, todos ellos parecían zombies ya que solo le prestaban su atención a las pantallas de sus celulares y tabletas, además cada uno de ellos utilizaba auriculares de última generación por lo cual nadie se dio cuenta que en el último asiento una madre que viajaba con su hija de 12 años no se percató que la niña encontró debajo del asiento un viejo libro. Era Don quijote de la Manncha. Se lo puso a observar extrañada ya que nunca había visto una obra en papel y lo abrió. De pronto se puso a leerlo.

   El ciberbar estaba repleto de gente que además de tomar un trago se comunicaba entre sí mediante sus celulares y tabletas. Nadie compartía una palabra y solo utilizaban los chats para comunicarse de una mesa a la otra. De pronto, y al final del salón, un joven descubrió un antiguo libro de Shakespeare: Romeo y Julieta, el texto logró llamarle la atención y se lo puso a leer ávidamente.

   En poco tiempo y sin que "Los Digitales" pudieran evitarlo, la gente comenzó a leer libros en papel que encontraban en plazas, cines, shopings y en todo lugar donde alguien pudiera descubrirlos. Las autoridades alertadas de esto no pudieron detener a nadie ya que "Los libreros" actuaban en las sombras y sigilosamente repartiendo las obras.

   Pasado un año, los libros en papel volvieron a ocupar un lugar preponderante en la sociedad y la gente pudo disfrutar de ellos obligando a las autoridades a tomar una decisión cambiando la ley que los prohibía y permitiendo así que volvieran a distribuirse.

   Una tarde llegó una encomienda a las oficinas de "Los digitales" a nombre de su líder.
   Era un ejemplar de la Santa Biblia enviado por su Santidad, el Papa. 
   Cuando Lautaro Ugarte lo abrió se encontró con una nota de puño y letra del Pontífice que decía:

   "Gracias por dejar a la gente que pueda elegir leer en papel o digitalmente según le parezca, sé que fue difícil para tí no deshacerte de éste maravilloso ejemplar y enviármelo a mí hace algunos años. Ahora ya puedo regresártelo para que lo guardes en la biblioteca que seguro construirás en poco tiempo"

Fin 

PD: Dedicado a todos aquellos que luchan día a día para que el libro en papel siga vivo. Y especialmente para mi editor Hernan Rozenkrantz, un laburante que la yuga todos los días. Doy fé de ello.